Las vísceras de las vísperas
Toman un suspiro en un nido de águilas
Y me llevan al sueño intranquilo
de quien va a conocerla por primera vez.
Y dan paso a las playas de noche,
Al aislamiento abierto con un hilo de música.
Se mueven tus labios silenciosos, incapaces
De alcanzar el tono deseado, que sí humedece tu mente.
Esa habitación oscura y vacía, también lúcida y concurrida, incorpórea.
Óleo sin límites de pericia, píntame en tu lienzo con tu mano talentosa
Todo cuanto mi arpa pueda darte. Que yo nunca te enseñé,
Y sin darte nada a conciencia me haces consciente.
Me entretienes y me tienes por toda tu extensión
De dudas y admiración.
La curiosidad rompe unas líneas vírgenes e inocentes
Que mis ojos siembran en el aire,
Entre yo y el mundo,
Y éste ve lo que ellos ven.
Acaríciame, cuerda enmarañada,
Las palmas curtidas de barras y sudor,
Y sepárame del verde y el mar. Crepita
en tu madera cuando yo te balancee
mientras lo haga, consciente de que el ahora ya está.